jueves, 6 de junio de 2013

La escuela de detectives - Mi corta carrera en la profesión


Cuando yo era chico veraneaba (los tres meses) en un campo, en Victoria, Entre Ríos. Una de las tradiciones de la zona es la siesta. Pero a mí, de chico, no me gustaba nada dormir siesta. Con mis padres negociamos que yo haría algo tranquilo durante la siesta (nada de fútbol o pileta) y entonces podía permanecer levantado. Entonces yo leía y dibujaba. Leía de todo, sobre todo historietas.

Algo que me fascinaban eran los avisos que aparecían en esas revistas: aprenda a dibujar, aprenda a tocar el saxofón, aprenda magia... Siempre me impresionó esa capacidad que tenemos de aprender. Pero el aviso que más me intrigaba era el que muestro en la imagen: ¡Entre al fascinante mundo de los detectives! Y el hombre con sombrero y pipa...

Durante mucho tiempo me quedé dándole vueltas a la posibilidad de hacer el curso (o al menos, enviar el cupón y ver qué pasaba). Finalmente, a los 12 años, se lo conté a mi papá. Y, para mi sorpresa, le pareció muy bien. Papá trabajaba en el centro (era abogado) y fue personalmente a la "Primera Escuela de Detectives", que había fundado Máximo Dabbah, ex policía.

El curso era entretenido de leer, pero salvo el primer trabajo práctico (escribir un cuento policial) los demás eran impracticables para mí. Así que esa fue mi experiencia como detective. Muchos años después, esa experiencia pondría en marcha "La escuela de detectives".

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